Eucaristía III:
Participación en la Vida de Jesús –  Cálices Vivos

Lourdes Pinto — 13 de julio, 2016

     Lourdes Pinto, 13 de julio, 1017
   
     Por qué quise quedarme en la tierra en una Hostia, 50. Diario de una MDC
¿Por qué quise quedarme en la tierra en una hostia? Porque de esta manera estoy presente para todos, para que Me contemplen y reciban como Pan vivo. Me he quedado con ustedes para nutrir sus vidas con vida divina; para prepararles, fortalecerles y hacerme UNO con ustedes mientras van por el camino a la vida eterna en Dios. Yo me quedo en esta forma oculta y ordinaria para que sus vidas ocultas y ordinarias puedan transformarse en divinidad y así participen, aquí en la tierra, en la unidad y la divinidad de la Santísima Trinidad.
La Eucaristía es la vida de Dios que tiene el poder para sanarles y transformarles desde dentro. En la pequeñez de la Hostia se revela el esplendor, la majestad y la grandeza de Dios. La Eucaristía es el milagro más grande de Dios para la humanidad. La Eucaristía revela la fidelidad de Dios con Su Pueblo. La Eucaristía revela lo que cada uno de ustedes ha sido llamado a ser (12/7/12).
 
     CIC 1368:
La Eucaristía es igualmente el sacrificio de la Iglesia. La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza. Con Él, ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión ante el Padre por todos los hombres. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo presente sobre el altar da a todas alas generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda.
     El Ángel de Fátima dijo a los niños:
 
Hagan un sacrificio de todo lo que realizan, y ofrézcanlo como un acto de enmienda por todos los pecados por los cuales Dios está ofendido, y como una petición por la conversión de los pecadores [...] Sobre todo, acepten y soporten con sumisión los sufrimientos que les envíe Nuestro Señor. (Caminopágina 164-165)
     En la siguiente aparición, el ángel dijo que esos sacrificios y sufrimientos son eficaces, «ofreciéndolos en unión con el sacrificio Eucarístico».
     Antes de que podamos entrar en una PARTICIPACIÓN PURA del sacrificio de Jesús, debemos llegar a conocernos a nosotros mismos: nuestras heridas, trastornos, patrones de pecado, mentiras, identidad distorsionada, dureza de corazón... Si no lo hacemos, nuestra participación en la vida de Cristo en la Eucaristía será también una participación desordenada —participamos en una forma errónea de victimazgo  - siendo facilitadores de vicios, aduladores, serviles, codependientes.... Por lo tanto, El Camino nos lleva a conocer nuestras VERDADERAS IDENTIDADES EN CRISTO y la misión que Él nos ha dado. A medida que llegamos a conocer quiénes somos y nuestra misión en la vida, podemos entrar en una PARTICIPACIÓN PURA en el sacrificio de Cristo como Sus víctimas ocultas del amor.
 
     Confía. Yo soy el poder de la vida oculta, 51. Diario de una MDC
 
     Confía y pon toda tu confianza en el poder de la vida oculta que se te está revelando ahora en Mi presencia Eucarística. Yo Soy el poder de la vida oculta. Yo quiero poseerte con Mi vida oculta, que es la Eucaristía y transformarte en Hostia Viva.
 
     El Testamento Extraordinario de Fe del Padre Walter J. Ciszek, S. J..[1]
 
     Habíamos acometido lo que pensábamos que sería una gran empresa misionera, llenos de celo y entusiasmo, para acabar dándonos de bruces con esa realidad. Las cosas no eran para nada como preveíamos y no estábamos preparados para enfrentarnos a lo que nos habíamos encontrado. ¿Qué había sido de nuestras esperanzas, de nuestras expectativas, nuestros sueños, nuestras convicciones y, sobre todo, de nuestro entusiasmo?
     Torturados por estas dudas y preguntas, Nestrov y yo nos vimos seriamente tentados de buscar algún modo de salir de Rusia y regresar a Polonia, donde al menos podríamos volver a ejercer nuestra labor como sacerdotes, aun en medio de las dificultades de un país ocupado. Allí la gente, sometida a persecución, seguro que nos necesitaba: si sabía que estábamos disponibles, acudiría a nosotros. Allí podríamos servir a la Iglesia: aquí no había nada que hacer. Ahora la aventura rusa nos parecía un error, un empeño misionero abocado al fracaso y basado en esperanzas y en sueños antes que en la cruda realidad; un proyecto nacido de datos falsos e insuficientes. 
     Esa fue la tentación a la que nos enfrentamos el P. Nestrov y yo en Teplaya Gora. Y, aunque en cierto modo nuestras circunstancias podrían considerarse únicas, la tentación no lo era. Es la misma a la que se enfrenta todo el que ha respondido a una llamada y descubre que la realidad de la vida no coincide con las expectativas creadas bajo el primer impulso de sus perspectivas y su entusiasmo. Es la tentación que sale al paso, por ejemplo, de quien ha abrazado la vida religiosa con un ardiente deseo de servir a Dios y solo a Él, y descubre que el día a día de esa vida es monótono y prosaico; que está tan lleno de momentos de confusión humana, de rutinas diarias y de distracciones como la vida del siglo del que se ha apartado. Es la misma tentación que sale al paso de los matrimonios jóvenes cuando, acabada la luna de miel, deben enfrentarse a un futuro aparentemente interminable de vida en común, labrándose una existencia en el mismo lugar de siempre y del mismo modo que siempre. Existe la tentación de decir: «Esta vida no es lo que yo pensaba. No es lo que tenía previsto. Ni es, desde luego, lo que deseaba. De haberlo sabido, jamás lo habría elegido, jamás habría hecho esta promesa. Perdóname, Dios mío, pero no quiero cumplir mi palabra. No puedes obligarme a una promesa hecha en la ignorancia; no puedes esperar que mantenga un compromiso basado en la fe sin un conocimiento previo de la realidad de la vida. No es justo. Jamás pensé que esto sería así. Sencillamente, no puedo soportarlo y no seguiré adelante. No te serviré».
 
     Continuación del Camino, #51
 
     Esta transformación ocurrirá al vivir tu vida oculta e interior unida a Mi crucifixión interior, sufriendo todo Conmigo y en Mí. De esta manera, el poder de la fuerza oculta se intensificará con el fuego del Espíritu Santo (15/6/11).
 
      Continuación del testamento del Padre Ciszek[2]
 
     La misa nos daba fuerza
     En el momento de la consagración, Dios se hacía presente en Teplaya Gora de un modo nuevo. En respuesta a nuestras súplicas, estaba allí donde el sacrificio del Calvario jamás se había celebrado antes. En ese sacramento podíamos ofrecer todos nuestros sacrificios junto con el suyo; podíamos pedirle que bendijera a aquellos por quienes trabajábamos y rezábamos secretamente; por aquellos que quizá rezaban también en secreto, pero no podían rendirle culto abiertamente. Esos eran mis pensamientos más consoladores, mis momentos más felices, en lo que en Teplaya Gora resultó ser casi un no-apostolado. El consuelo de ese sacrificio, de esa ofrenda, me acompañaba de vuelta en medio de la oscuridad y el silencio del bosque. 
     Y de repente, un día, los dos vimos la luz. Dios nos concedió la gracia de descubrir la solución a nuestro dilema, la respuesta a nuestra tentación: una gracia tan sencilla como la de plantearnos nuestra situación desde su punto de vista, y no desde el nuestro. La gracia de no juzgar nuestros esfuerzos según estándares humanos ni por lo que nosotros queríamos o esperábamos que ocurriera, sino según el designio de Dios. La gracia de comprender que nuestro dilema, nuestra tentación, la habíamos creado nosotros y solo existía en nuestras mentes: no se ajustaba ni se podía ajustar al mundo real dispuesto por Dios y gobernado en última instancia por su voluntad.
Génesis 45, 4-8
 
     Entonces José volvió a decir a sus hermanos: "Acérquense un poco más". Y cuando ellos se acercaron, añadió: "Sí, yo soy José, el hermano de ustedes, el mismo que vendieron a los egipcios. Ahora no se aflijan ni sientan remordimiento por haberme vendido. En realidad, ha sido Dios el que me envió aquí delante de ustedes para preservarles la vida. Porque ya hace dos años que hay hambre en esta región, y en los próximos cinco años tampoco se recogerán cosechas de los cultivos. Por eso Dios hizo que yo los precediera para dejarles un resto en la tierra y salvarles la vida, librándolos de una manera extraordinaria. Ha sido Dios, y no ustedes, el que me envió aquí.
     ¿Qué sufrimientos y situaciones en mi vida no he llegado a aceptar como la voluntad de Dios?
     ¿Qué dificultades y apuros en mi vida no he visto a través de los ojos de Dios, sino que permanezco atrapado en mí mismo, enfocado en mi propio dolor, incapaz de ver fuera de mí mismo a través de los ojos de Cristo crucificado?
 
     Hostias Vivas, Camino 3-C-6, pág. 171
     El Venerable Arzobispo Luis María Martínez explica que el sacramento del orden une al sacerdote a Jesús de tal manera que, en el momento de la consagración, Jesús –en el sacerdote– cambia la sustancia del pan y del vino en la de Suya propia por el poder del Espíritu Santo. Pero la «transformación total» en «hostia viva» requiere algo más: que un ser humano –sacerdote, religioso o laico– haga el «maravilloso intercambio» de su voluntad humana independiente por la voluntad divina, permitiéndole al Espíritu Santo unirle a Jesús en todos sus actos. «Entonces, en todo momento, podemos renovar sin cesar el sacrificio de Cristo».
 
     Un alma víctima hace VOLUNTARIAMENTE este "maravilloso intercambio"
 
     Continuación del testamento del Padre Ciszek[3]
     El dilema que se nos planteaba en Teplaya Gora derivaba de nuestra frustración por no poder hacer lo que pensábamos que sería la voluntad de Dios en esa situación; de nuestra imposibilidad de trabajar como nosotros estábamos seguros de que Dios quería que trabajáramos, en lugar de aceptar esa situación como voluntad suya. Se trata de un error que es fácil que cometan todos los hombres: el santo y el sabio, la autoridad eclesiástica y el jornalero. En último término, esperamos que Dios admita nuestra idea de lo que debería ser su voluntad y que nos ayude a cumplir esa voluntad, en lugar de aprender a descubrir y aceptar la suya en las situaciones concretas en las que nos pone a diario. El alma sencilla que ofrece cada mañana «todas sus oraciones, sus obras, sus alegrías y sufrimientos del día» –y que actúa aceptando cualquier situación diaria como enviada por Dios sin cuestionársela y respondiendo amorosamente a ella– ha entendido con una fe casi de niño la profunda verdad acerca de la voluntad divina. Predecir cuál será la voluntad de Dios, argumentar cómo debería ser, es al mismo tiempo una estupidez humana y la más sutil de las tentaciones. La verdad pura y simple es que su voluntad consiste en lo que Él desea enviarnos a través de las circunstancias, los lugares, las personas y los problemas diarios. La cuestión está en aprender a descubrirla: no solo en teoría ni solo de vez en cuando en ese relámpago de lucidez que concede la gracia de Dios, sino todos los días. Ninguno de nosotros tiene necesidad de preguntarse cuál será la voluntad de Dios para él: la voluntad de Dios se nos revela claramente en las situaciones cotidianas, si somos capaces de aprender a mirarlo todo como Él lo ve y como nos lo envía.
     Camino #57
 
     Consideren cuidadosamente cada relación y situación en sus vidas en que no están amando Conmigo, por Mí y en Mí. Pregúntense, «¿Por qué es tan difícil amar a esta persona o amar en estas situaciones?» Es precisamente en esas situaciones y con esas personas que tenemos que purificarnos. 
 
     El Papa Francisco crea un nuevo camino para la beatificación: “El ofrecimiento de la vida”[4] en que una persona ha muerto prematuramente a través de ofrecer su vida por amor a Dios y al prójimo. En la carta apostólica, el Papa Francisco escribió que "son dignos de especial consideración y honor, los cristianos que, siguiendo las huellas y enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente sus vidas por los demás y han perseverado hasta la muerte."
     El documento se titula "maiorem hac dilectionem", o "mayor amor que este", tomado del versículo del Evangelio de Juan que dice: "Nadie tiene mayor amor que este: dar la vida por los amigos".
[1] Ciszek, Walter J.. Caminando por valles oscuros (Arcaduz) (Spanish Edition) (Kindle Locations 433-440). Ediciones Palabras. Kindle Edition.
[2] Ciszek, Walter J.. Caminando por valles oscuros (Arcaduz) (Spanish Edition) (Kindle Locations 454-460). Ediciones Palabras. Kindle Edition.
[3] Ciszek, Walter J.. Caminando por valles oscuros (Arcaduz) (Spanish Edition) (Kindle Locations 485-494). Ediciones Palabras. Kindle Edition.
[4] http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/07/11/el-papa-declara-la-oferta-de-vida-como-un-nuevo-caso-de-beatificacion-junto-al-martirio-o-las-virtudes-heroicas-religion-iglesia-vaticano.shtml